Revista PSD

Crédito
Mar 31,
2015

Tarjeta de crédito

cuento1Hace seis meses Eduardo invitó a su esposa y sus dos hijos a comer a un restaurante de lujo en el centro de la ciudad, el motivo fue celebrar la entrega de su nueva tarjeta de crédito.

La celebración era porque el monto del límite de crédito era mucho más elevado de lo que él esperaba.

Alicia (esposa de Eduardo), al igual que sus hijos, estaban deslumbrados por la elegancia del lugar y por las delicias que saboreaban.

Todos se sentían orgullosos de Eduardo, y era normal, le habían otorgado un crédito tan significativo, que en ese momento le resolvería cualquier contingencia económica.

Eduardo siempre había sido muy cumplido en sus pagos, tanto en plazos como en cantidades mínimas, e incluso en ocasiones pagando un poco más de lo señalado por el banco.

Al salir del restaurante, Eduardo decidió continuar con el festejo y fue con su familia a una conocida tienda departamental a comprar algo de ropa, zapatos y uno que otro juguete para los niños.cuento2

Aquello era un verdadero día de fiesta, en general, esa fecha sería inolvidable (seguro que la iban a recordar).

Cuando Eduardo recibió su primer estado de cuenta, fue cuando tuvo conciencia del despilfarro y mal uso que había hecho con su nueva tarjeta de crédito.

En el primer mes, “a duras penas”, logró pagar el mínimo requerido por el banco, de su nueva tarjeta. Se tuvo que apretar el cinturón.

Para el segundo mes, ya no pudo reducir gastos y tuvo que complementar el pago tomando efectivo de otra tarjeta, sin darse cuenta de que lo que estaba haciendo era incrementar otras deudas y entrar en una espiral peligrosa. Y ello debido a que no tenía una clara visión y conocimiento del manejo responsable de una tarjeta de crédito, aunque él pensaba que sí.

Al tercer mes, tuvo que volver a tomar dinero en efectivo de una tercera tarjeta que ya casi no usaba, para así estar en la posibilidad de pagar al menos el mínimo requerido de su nueva tarjeta de crédito y también tenía que pagar las deudas de la otra. Iba en caída por esa espiral de adeudos, adeudos y adeudos.

Así agotó las posibilidades de pagar al menos el mínimo de su nueva tarjeta y las anteriores, tomó la decisión más equivocada: no pagar ninguna de sus tarjetas y esperar a ver qué sucedía.

Y lo que pasó es lo que les pasa a todos los que toman esa decisión: seguían llegando los estados de cuenta, cada vez con un adeudo mayor, de forma alarmante, ya que los intereses y las comisiones se iban agregando a la deuda inicial.cuento3

Al principio, Alicia apoyaba a Eduardo, ya que la deuda había sido por comprar bienes para la familia.

Pero, como iba pasando el tiempo, la comprensión dio un giro drástico y se convirtió en discusión y ésta a su vez en problemas que desestabilizaron de forma dramática la relación de pareja y marcaron un deterioro familiar. Lo culpaba por ser tan irresponsable y poner en riesgo el bienestar de la familia.

Actualmente, el matrimonio de Alicia y Eduardo está a punto de disolverse y la hipoteca de su casa, también está en riesgo. Le salió caro a Eduardo hacer un inadecuado uso de sus tarjetas de crédito, aunque no haya tenido una mala intención. Pudo consentir a su familia de forma más ordenada y responsable, y aprovechar la tarjeta en beneficio de todos, pero no fue así.

Lograr tener un buen crédito puede ser un sueño de muchos, pero si no se utiliza con moderación y conciencia, puede terminar como una pesadilla.

Una tarjeta de crédito bien utilizada, de manera racional, es una herramienta que puede tener un efecto bastante positivo en nuestro bienestar, ya que nos sirve para realizar pagos sin cargar efectivo, adquirir bienes y servicios que sería muy difícil conseguir de contado, hacer compras por internet o por teléfono, y para construir un historial crediticio adecuado, entre otros aspectos.cuento4


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