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¬ŅTarjetas de descuento?

descuentoPueden representar un gasto in√ļtil o incluso llevarte a un servicio fraudulento si no se les analiza antes de adquirirlas.

Un consultorio decrépito, un médico que le hace juego y que trata de diagnosticar al paciente sin mayor revisión en menos de 15 minutos. Eso sí, el pago de la consulta llevará el descuento pactado en el programa de la tarjeta de descuento.

La historia viaja por la red. Es uno de esos testimonios que abundan en los sitios de quejas ?en este caso, apestan.com?.

Basta con teclear ‚Äútarjetas de descuento‚ÄĚ en cualquier

buscador para que, por una parte, aparezcan los sitios de las empresas que las ofrecen y, por otro lado, las numerosas quejas.

Es difícil filtrar las tarjetas que funcionan de las que no. Especialmente porque en México no hay una institución que las regule. Las quejas sobre las mismas se siguen en la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) con el mismo procedimiento de cualquier otra prestación comercial.

‚ÄúAl tratarse de un contrato entre particulares, prevalece como acto de fe que se respete el acuerdo entre la tarjeta de descuento y el establecimiento comercial que lo integra, o tambi√©n con el consumidor. En numerosas ocasiones pasa que el contrato se vence con alg√ļn establecimiento, no se avisa a los compradores de las tarjetas, por lo que los descuentos se les niegan y causan descontento‚ÄĚ, detalla Juan Carlos P√©rez Mac√≠as, director de la Licenciatura en Administraci√≥n Financiera en el Tecnol√≥gico de Monterrey (ITESM), campus Santa Fe.

El refr√°n reza que ‚Äúcada quien habla de la feria seg√ļn le va en ella‚ÄĚ. Y eso puede aplicarse a las tarjetas de descuento. Con m√°s de siete mil comercios afiliados a unas 20 marcas de tarjetas de descuento en M√©xico, precisa P√©rez, las experiencias de uso son heterog√©neas y resulta muy dif√≠cil llevar el control.

‚ÄúLa empresa m√°s reconocida en este campo es TDU. Tiene 14 a√Īos de existir, es muy tradicional y funciona, ya que sus descuentos se concentran en franquicias y cadenas reconocidas. Pero conforme se especializan o se ofrecen servicios m√°s complejos (como los m√©dicos) es m√°s dif√≠cil garantizar la calidad al consumidor‚ÄĚ, aclara P√©rez Mac√≠as.

Las emisoras de estas tarjetas se encargan de tejer una red de comercios a los que les interesa esta estrategia de marketing para atraer clientela a través de descuentos.

“Las tarjetas médicas tenían un sentido bastante acertado para tener acceso a una red médica que normalmente sería más cara, un medio para llegar a un directorio de doctores. Pero sucede lo mismo que en algunos comercios: el médico se pelea con ellas y ya no dan el servicio.

‚ÄúProfeco es la instituci√≥n que tendr√° que revisar en su √°mbito de competencia lo que el consumidor adquiere con ellos. Hay una laguna regulatoria pues no hay una normatividad al respecto, es una empresa privada con otra, un acuerdo que nadie conoce‚ÄĚ, concluye el acad√©mico.

También resulta importante que si hay un desaguisado con la tarjeta, se reporte a Profeco para que, al menos, se lleven antecedentes con esa empresa que puedan servir de referencia a otros consumidores. Las quejas en los portales de internet sólo sientan precedente para algunos en cuanto a la percepción de la marca.

El razonamiento del bolsillo

Adem√°s de considerar la calidad de la tarjeta (y de pedir referencias a otros consumidores para decidir su compra) hay que evaluar otro aspecto: su precio.

Para que este gasto se convierta en inversión, hay que considerar que para depreciar los $400 que tiene de costo aproximado una tarjeta de descuento, habrá que usarla entre ocho y diez veces.

También que cada consumo deberá ser de alrededor de $400, para que se acumulen los descuentos de 10% (que es la cifra promedio que se ofrece de beneficio con estos plásticos).

La suscripci√≥n a las tarjetas de descuento expira cada a√Īo. De esta forma, considera que deber√°s usarlas al menos una vez al mes en consumos fuertes para que realmente valgan la pena.

No te confundasporcentaje

1 Estas tarjetas de descuento son distintas a los pl√°sticos de fidelidad de marca que ofrecen, por ejemplo, las compa√Ī√≠as de celulares o las tarjetas de cr√©dito, en donde se acumulan puntos para intercambiarse por mercanc√≠a.

2 Estas tarjetas de descuento no son seguros de gastos médicos. Solamente sirven para obtener ofertas en algunos consultorios médicos, laboratorios de análisis y dentistas.

Con esos plásticos no hay gastos médicos pagados por adelantado y en caso de una emergencia o una operación, igualmente deberás cubrir la cuenta del hospital sin descuentos.

3 Hay tarjetas de descuento de programas sociales, avaladas por instituciones p√ļblicas y son distintas a las que afilian comercios o redes de servicios. Es el caso de la tarjeta Red √Āngel, de programas sociales del Distrito Federal, del INAPAM o de las que dan algunos sindicatos a sus miembros.

Fuentes: ITESM, Profeco.

 

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