Lo primero es elaborar una lista con tus ingresos. Incluye tu sueldo y, si recibes algún tipo de apoyo adicional, también anótalo. Posteriormente, haz una lista de tus gastos más necesarios, es decir, aquellos que te permiten cubrir lo básico. Por ejemplo: comida, transporte, medicamentos y productos de higiene personal.
Después continúa con los gastos menos necesarios. Aquí entran el taxi ocasional, el café de la semana, los pasatiempos o las salidas con amigas y amigos. Es importante que seas muy realista, para que a fin de mes no termines preocupada porque el dinero no te alcanza.
Una vez que tengas claras tus listas, resta tus gastos totales a tus ingresos.
Comparar precios también puede ayudarte a ahorrar. Hazlo en cosméticos y productos de higiene femenina. Además, la ropa de segunda mano está de moda y puedes encontrar buenas opciones en tiendas de saldos.
Si para ti es importante mantener alguna suscripción a plataformas de streaming, busca planes que reduzcan el costo cuando se comparten entre varias personas. Puedes organizarte con familiares o amistades para pagar menos.
El ejercicio es importante. Si por ahora no puedes pagar una mensualidad en un gimnasio, existen espacios comunitarios o deportivos con costos menores que pueden ser una buena opción.
Lo más importante es buscar alternativas. No te desesperes si en este momento aún no logras la independencia o estabilidad financiera que deseas; poco a poco podrás identificar qué gastos puedes recortar. Si tienes alguna habilidad adicional, como hablar otro idioma puedes dar clases, esto también puede convertirse en un ingreso extra.
Cuidar tu salud financiera no se logra de la noche a la mañana, pero dar pequeños pasos hace la diferencia.

