Una fecha proclamada por las Naciones Unidas para visibilizar la riqueza cultural, los aportes y los derechos de los pueblos originarios en todo el mundo.
En México, esta fecha adquiere un significado especial: somos uno de los países con mayor diversidad indígena del mundo, con más de 23 millones de personas que se reconocen como indígenas, según el INEGI (2020). Esto representa cerca del 20% de la población nacional, con 7.3 millones de hablantes de lenguas originarias y una presencia activa en más de 68 pueblos distintos.
En este contexto, el acceso a servicios financieros adecuados y culturalmente pertinentes cobra relevancia como una vía más para fortalecer su autonomía y participación económica. Es importante reconocer que dichos pueblos ya cuentan con prácticas financieras propias, como tandas, cajas comunitarias o cooperativas, que reflejan formas de organización solidaria y colectiva.
Hablar de inclusión financiera en este contexto no se trata solo de acercar productos o servicios bancarios, sino de reconocer la necesidad de enfoques culturalmente pertinentes, sensibles a las realidades sociales, económicas y territoriales de los pueblos. La inclusión —en cualquiera de sus dimensiones— no puede construirse sin diálogo, sin participación y sin respeto a la diversidad.
La inclusión financiera es una herramienta poderosa, puede abrir nuevas oportunidades para las personas indígenas en el comercio de sus artesanías o productos locales. Tener acceso a una cuenta bancaria y a pagos digitales, les permite recibir transferencias de manera segura y tener un mayor control de sus ingresos, lo que contribuye a fortalecer su economía local y su autonomía.
Este 9 de agosto celebremos con orgullo la fuerza, la creatividad y la sabiduría de nuestros pueblos indígenas, guardianes de lenguas, tradiciones y conocimientos ancestrales que enriquecen a México y al mundo. Reconocer su valor es construir un futuro más justo, diverso y lleno de vida para todas y todos.
